"Llevo casi veintiséis noches sin dormir. Me duele la cabeza, la espalda, el culo.
Las primeras seis noches me las aventé chupando que es gerundio. Nunca en mi vida había bebido ni volveré a beber tanto alcohol como en esas seis noches, las más hermosas de mi vida.
Putas, chelas, kilos de tabacos, más putas y más chelas. Puedo presumir, frente en alto, que todas las morras de doña Martha han probado mis huesos raquíticos y han visto salir de mi cartera las limosnas que aceptan como pago. Casi un club de fans, Buba, y en tan sólo seis noches.
Pero en la séptima comenzó el calvario. Vomité sangre en la puerta de mi casa. Mi madre se asustó, corrió desesperada y me tomó entre sus brazos, emulando ridículamente a la estatua de La Piedad, mientras una coralillo se extendía desde mis labios hasta el suelo, buscando una salida que cicatrizara todas las heridas, incluso las que no habían sido hechas.
Pero el plan falló.
Doña Martha habló a mi casa preguntando qué había sido del mejor cliente que Luzbel le había regalado, pero no lo hicieron Celia, Magdalena ni Daniela, y mi corazón se hizo chiquito, se convirtió en gusano y comenzó a comerme las pocas entrañas que me quedaban. Lloré como una niña porque mis putas no me llamaron, lo lamenté como si diera por sentado que esas bestias tuvieran alma y corazón y setecientas cápsulas de ternura anidadas en el pecho.
Son putas, me dije socarrón, ¿qué esperabas? ¿amor?
Así que salí de la cama con el suero en el brazo. Me dediqué a mendigar techo y comida y migajas de pan. Supe entonces que estaba solo, pero no tuve miedo, sólo una puta melancolía por algo que no había vivido. Ninguno de sus días lluviosos, niñas, ninguna de sus canciones poperas y estúpidas, ni ninguno de sus recuerdo infantiles machacándoles el culo puede compararse con la tristeza que sentí.
Después de dos noches, encontré a otro tipo igual que yo. Sucio, viejo, hambriento y con un clavo en cada vértebra, decidí que no cargaría ese peso el resto de mis días, y lo dejé hablando solo, con su tristeza ridícula, con sus pasiones sin sentido.
Entonces regresé a casa.
Mi madre estaba en la mesa, fornicando con un tipo del que ignoro su nombre. «Pobre vieja» pensé, y pasé directo a darme un baño. Cuando salí, el tipo ya se había largado y ella preparaba el desayuno. Olía a café recién hecho, a frijoles y a felicidad femenina.
Me miró y dijo «entonces, regresaste...» y ya no dije nada. Comí en silencio y me ensimismé puerilmente como el dios que construye a detalle al anticristo que nos divertirá durante los próximos dos mil años.
Y ella me abrazó, sí, pero no se quedó conmigo.
Casi veintiséis noches sin dormir. Necesito más sedantes, menos pesadillas, y más pretextos para simular enloquecer, y salir con mi satélite espía y mi ejército de hienas a asolar este pueblo de mierda.
Y explotar splendidum como un globo en la noche veintisiete.
Y ya nunca, por error o decepción, regresar de entre los muertos."
Canibal
Algun dia quiero escribir como el.
Sonando: Xavia; The Submarines
Las primeras seis noches me las aventé chupando que es gerundio. Nunca en mi vida había bebido ni volveré a beber tanto alcohol como en esas seis noches, las más hermosas de mi vida.
Putas, chelas, kilos de tabacos, más putas y más chelas. Puedo presumir, frente en alto, que todas las morras de doña Martha han probado mis huesos raquíticos y han visto salir de mi cartera las limosnas que aceptan como pago. Casi un club de fans, Buba, y en tan sólo seis noches.
Pero en la séptima comenzó el calvario. Vomité sangre en la puerta de mi casa. Mi madre se asustó, corrió desesperada y me tomó entre sus brazos, emulando ridículamente a la estatua de La Piedad, mientras una coralillo se extendía desde mis labios hasta el suelo, buscando una salida que cicatrizara todas las heridas, incluso las que no habían sido hechas.
Pero el plan falló.
Doña Martha habló a mi casa preguntando qué había sido del mejor cliente que Luzbel le había regalado, pero no lo hicieron Celia, Magdalena ni Daniela, y mi corazón se hizo chiquito, se convirtió en gusano y comenzó a comerme las pocas entrañas que me quedaban. Lloré como una niña porque mis putas no me llamaron, lo lamenté como si diera por sentado que esas bestias tuvieran alma y corazón y setecientas cápsulas de ternura anidadas en el pecho.
Son putas, me dije socarrón, ¿qué esperabas? ¿amor?
Así que salí de la cama con el suero en el brazo. Me dediqué a mendigar techo y comida y migajas de pan. Supe entonces que estaba solo, pero no tuve miedo, sólo una puta melancolía por algo que no había vivido. Ninguno de sus días lluviosos, niñas, ninguna de sus canciones poperas y estúpidas, ni ninguno de sus recuerdo infantiles machacándoles el culo puede compararse con la tristeza que sentí.
Después de dos noches, encontré a otro tipo igual que yo. Sucio, viejo, hambriento y con un clavo en cada vértebra, decidí que no cargaría ese peso el resto de mis días, y lo dejé hablando solo, con su tristeza ridícula, con sus pasiones sin sentido.
Entonces regresé a casa.
Mi madre estaba en la mesa, fornicando con un tipo del que ignoro su nombre. «Pobre vieja» pensé, y pasé directo a darme un baño. Cuando salí, el tipo ya se había largado y ella preparaba el desayuno. Olía a café recién hecho, a frijoles y a felicidad femenina.
Me miró y dijo «entonces, regresaste...» y ya no dije nada. Comí en silencio y me ensimismé puerilmente como el dios que construye a detalle al anticristo que nos divertirá durante los próximos dos mil años.
Y ella me abrazó, sí, pero no se quedó conmigo.
Casi veintiséis noches sin dormir. Necesito más sedantes, menos pesadillas, y más pretextos para simular enloquecer, y salir con mi satélite espía y mi ejército de hienas a asolar este pueblo de mierda.
Y explotar splendidum como un globo en la noche veintisiete.
Y ya nunca, por error o decepción, regresar de entre los muertos."
Canibal
Algun dia quiero escribir como el.
Sonando: Xavia; The Submarines

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